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A propósito de los 25 años del llamado Informe de los Sabios

 “Colombia: Al filo de la oportunidad” (Parte I)

Corría el mes de julio de 1994, cuando ocurrió un hecho trascendente para la historia de la educación colombiana: Justo dos semanas antes de entregar su mandato presidencial, el doctor César Gaviria Trujillo, recibió el informe final de la entonces llamada Comisión de Sabios, por él integrada en septiembre de 1993. Estaba compuesta por diez insignes colombianos: Carlos Eduardo Vasco (coordinador), Ángela Restrepo, Rodolfo Llinás, Manuel Elkin Patarroyo, Marco Palacios, Fernando Chaparro, Eduardo Aldana, Rodrigo Gutiérrez, Gabriel García Márquez y Eduardo Posada.

Por primera vez en su historia, Colombia recibió, de manos de tan ilustres conciudadanos, un análisis riguroso, serio y prospectivo sobre el devenir de la Nación, y, por ende, de nuestra sociedad. Un análisis centrado en el papel protagónico de la educación, la ciencia y el desarrollo como pilares fundamentales de la transformación requerida para afianzar la condición de país competitivo, de cara a los desafíos, que traería consigo el siglo XXI.

El informe se constituía en una especie de “carta de navegación” sobre la cual se instalaban los principales rumbos a seguir para afrontar los nuevos desafíos del tercer milenio de la civilización. Aquellos intelectuales (aún vivos, afortunadamente, menos nuestro Nobel Gabo) imaginaban un país esperanzador, con equidad, inclusión y justicia social; y para ello plantearon un redireccionamiento del Estado, y en especial del sector educativo, a fin de garantizar un cambio estructural en las organizaciones educativas públicas y privadas, que permitiera transformarlas en “organizaciones flexibles”. Así, se podría procurar “el desarrollo humano integral, equitativo y sostenible, basado en el cambio organizacional, el cambio educativo y el cambio tecnológico”, tal como lo sostuvo Vasco, en el acto de presentación del informe en Casa de Nariño.

En síntesis, la Comisión abogaba por un cambio en la institucionalidad del Estado basada en la competitividad y la productividad, terminología de uso común hoy, pero visionaria hace más de dos décadas.

También proyectaba la política de Estado para la educación en cabeza del primer mandatario, superando así la triste historia de décadas de invisibilidad prioritaria del sector por parte de gobiernos que nunca le dieron la trascendencia social que su impacto positivo hubiere irradiado. Propuso también un 100 % de cobertura y calidad a la educación preescolar y básica para niños y jóvenes de 5 a 15 años de edad, un bachillerato básico de nueve grados, para que sus egresados presentaran un examen final de Estado sobre las “aptitudes de lectura comprensiva, de escritura correcta de textos creativos y comunicativos y de razonar con competencia en diversas modalidades de pensamiento y discurso”, que garantizaran generaciones de estudiantes con competencias comprensivas. Tampoco se escaparon de sus atinadas propuestas la de una jornada escolar de ocho horas, la formación rigurosa en valores y cívica de estudiantes y profesores, y la dignificación integral de la profesión docente.

Estas y muchas otras valiosas recomendaciones fueron entregadas en la postrimería de un Gobierno con la esperanza de que fueran recogidas por las siguientes administraciones presidenciales en las siguientes dos décadas y media, o sea hasta el próximo año, 2019.

La Comisión de Sabios fue más allá y se atrevió a cuantificar propuestas económicas entorno al porcentaje del PIB que se requería aplicar de manera sostenida al sistema educativo, para que tanto la formación como la investigación y la proyección social,  se convirtiesen en factores de calidad académica y eficiencia administrativa.

Al final en su discurso nuestro gran orgullo, el nobel Gabriel García Márquez, expresó: “La Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, no ha pretendido una respuesta, pero ha querido diseñar una carta de navegación que tal vez ayude a encontrarla. Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma, que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable y conciba una ética y tal vez una estética para nuestro afán desaforado de superación personal”.

Y a manera de cuestionario la Misión expresaba:

  • ¿Cómo modernizar la educación, acelerar el avance científico y tecnológico, consolidar la capacidad para el crecimiento económico; elementos cruciales para optimizar un proceso de desarrollo?
  • ¿Cómo impulsar sosteniblemente la ciencia, la educación y el desarrollo en forma tal que se aseguren el bienestar y el progreso democrático de todos los colombianos?
  • ¿Qué papel puede desempeñar Colombia en la transformación global?

Fuente: Colombia: al filo de la oportunidad (Bogotá, 1994)

Pero además en su análisis contextual la Misión planteó temas claves como parte de un modelo de desarrollo y una política social “para combatir el atraso educativo, el pesimismo, la violencia y la pobreza, y a la vez promover los derechos humanos, la productividad económica, la estabilidad política, la mejor calidad de vida y acelerar la creatividad científica y tecnológica”, con la idea de que fuera abordada en los siguientes 25 años (1994-2019).

En ella se citan Retos como (I) las organizaciones, su trascendencia y ubicuidad, (II) las organizaciones que aprenden, (III) el papel de la gestión, (IV) gestión, aprendizaje y competitividad, (V) panorama de la educación, (VI) análisis de la problemática educativa por niveles y núcleos, (VII) calidad de la educación, (VIII) el predominio de la instrucción, (IX) el descuido de los valores y principios, y (X) las políticas estatales en educación y no solo del gobierno de turno.

El entonces presidente Gaviria expresó: “Darle vida a este texto es un reto para los nuevos colombianos, para los hombres y mujeres que vivimos y nos duele esta patria. Ya tenemos aparejado el navío, izadas las velas y trazado el rumbo. Sólo nos falta zarpar al nuevo mundo que ya tenemos imaginado”.

Es claro, entonces, que Colombia asumía un desafío clave propuesto por la Misión de Sabios para prepararse, consciente y rigurosamente, en pos de superar sus problemas estructurales en el marco educativo de la época, y apelaba a sus más brillantes mentes para construir un derrotero que sustentado en la nueva Constitución Política del año 1991, daba un aire esperanzador para asegurar el bienestar y el progreso de todos los ciudadanos.

En el próximo artículo analizaré los avances, retrocesos, obstáculos y limitantes que luego de cuatro gobiernos –dos de cuatro años y dos de ocho años consecutivos, muy cerca de cumplir los veinticinco años–, podemos valorar sobre lo realmente ha sucedido en particular en la educación, sector vital para la transformación de nuestro país.

JAIME LEAL AFANADOR

Rector UNAD

Presidente ACESAD

 

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