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La columnista de El Tiempo, Sandra Borda Guzmán, dijo, en su escrito del 4 de enero, que “la virtualidad ha desdibujado el rostro humano de la enseñanza”, a propósito de su experiencia como docente presencial  buceando en las aguas improvisadas de la virtualidad, en tiempos de Covid 19.

rector opina 12 enero

Según esta profesora de la Universidad de Los Andes, el aprendizaje presencial ”no puede ser sustituido de ninguna forma que hasta ahora conozcamos…..la experiencia de un salón de clase real, una conversación con contacto visual y con lectura de lenguaje corporal, una interacción personal, es algo que considero necesario para el aprendizaje, desde mi punto de vista, la virtualidad ha desdibujado el rostro humano de la enseñanza, en vez de acercarnos a estudiantes y docentes nos ha terminado de alejar“.

Con estos y otros ligeros argumentos de su vivencia en la pandemia, Borda y muchísimos otros profesores, estudiantes y padres de familia se llevan, y con toda razón, una muy mala impresión no solo sobre las limitaciones de la virtualidad en la educación que, en sí misma es producto del inmediatismo con que se ha asumido, sino que demerita de tajo su calidad y pertinencia.

Creo oportuno e importante hacer algunas claridades y consideraciones para dejar constancia sobre la rigurosidad que requiere la educación virtual en su implementación, para que su valoración no se deje al arbitrio de experiencias que la desdibujan y que crean en el imaginario colectivo desazón y apatía por este valioso modelo de educación que es, desde ya, la alternativa real y efectiva para ir constituyendo la nueva y, tal vez, la única normalidad que acompañará a los humanos en el resto del siglo XXI.

La propia UNESCO, desde hace más de cuatro décadas, reconoció que la educación abierta y virtual es la que mejor se acompasa a la nueva sociedad impregnada por la información y el conocimiento evolutivo. La pandemia lo que ha hecho, ha sido confirmar esta realidad.

En gracia del merecido análisis del tema, pongo en consideración estos cinco aspectos:

  • Más allá de la sola enseñanza y la transmisión del conocimiento, lo realmente importante es el aprender a aprender. Esa es la nueva clave educativa, en la que el ritmo frenético de la tecnología demanda una inmediata respuesta (por el riesgo de volverse obsoleto), para usarla adecuadamente. Esto conlleva un nuevo paradigma del proceso formativo y la necesaria transformación de los roles de los actores clave: instituciones, docentes y estudiantes. También es obsoleto seguir viendo el proceso educativo con el mismo modelo de hace ya décadas.
  • La modalidad virtual y a distancia, per se, es trans-territorial y trans-fronteriza; es decir, por su naturaleza es global, y a través de diferentes metodologías hace uso de diversos recursos físicos, tecnológicos, medios y mediaciones pedagógicas, para facilitar el aprendizaje y la formación integral del estudiante. En la virtualidad, la vida académica y la vida universitaria no desaparecen, y demandan de creativos procesos de planificación, de tal manera que la socialización y la presencia in situ dejan de ser lo fundamental y se constituyen en un complemento efectivo y necesario en la adquisición de múltiples habilidades propias de la interacción personal. El seguimiento y el acompañamiento permanente al estudiante, bien sea de forma sincrónica o asincrónica, perfectamente refuerzan el significado del mirarse a los ojos y del observar el lenguaje corporal.
  • La presencialidad ha tenido importantes desarrollos, cada vez más finitos. En cambio, la virtualidad permite múltiples estrategias pedagógicas y didácticas para la formación integral, que articulan diferentes tecnologías en los múltiples ambientes y objetos de aprendizaje predeterminados, con una alta usabilidad de repositorios digitales de consulta e investigación, para hacer volar creativamente las pedagogías que Paulo Freire relacionó con la libertad para que las mentes de docentes y estudiantes se motiven por el valor social de los objetos de estudio, garantizando el desarrollo de procesos de interacción e interactividad colaborativa para el aprendizaje autónomo y significativo.
  • En Colombia, hablar de virtualidad es hablar de la UNAD, que es la única megauniversidad publica del país, con más de 165 mil estudiantes, y que desde hace cuatro decadas promueve el aprendizaje a distancia y virtual, la inclusión educativa y la apropiación del conocimiento en todo momento y lugar.
  • El crecimiento, posicionamiento y reconocimiento de la UNAD se ha dado, en gran medida, por haber afianzado espacios de capacitación, de mentoring, de coaching y de cualificación para que la comunidad educativa comprenda el por qué y el cómo de esta modalidad educativa. Su experiencia, impacto nacional e internacional, formación a distancia en casi todas las áreas del conocimiento y desarrollo tecnológico, le han llevado a distanciarse de los modelos convencionales (como seguramente será el que ha conocido la profesora Borda), pues en ellos la usabilidad de nuevos conocimientos generalmente es escasa, cuando no obsoleta, y los contenidos terminan siendo poco pertinentes para el estudiante y su aprendizaje, superando aquel modo en donde los docentes repiten sin cesar sus clases para muy diferentes y diversas generaciones de estudiantes, desconociendo las multiples inteligencias y sus diversas manifestaciones hacia el aprendizaje efectivo, tal y como no lo señala la neurociencia.

Todo lo anterior es una sintesis muy limitada de lo que realmente constituye la base de este modelo educativo a distancia y virtual, en donde profesores y estudiantes asumen roles muy diferentes a los históricamente acostumbrados en el modelo presencial. Por ello, es peligrosa la experimentación, no rigurosa, en tiempos de pandemia. El presente y el futuro de la educación virtual debe ser producto de la evolución conceptual y la confirmación práctica de los componentes determinantes de asegurabilidad y de calidad del modelo de gestión académica del aprender a aprender.

El Modelo Pedagógico Unadista constituye un marco de referencia que orienta el sentido de la acción pedagógica para el fomento del aprendizaje autónomo, colaborativo y significativo, en un contexto de distintos niveles educativos (desde la formación escolar básica hasta la posgradual, la continuada y la abierta y permanente), y de diversos programas y servicios, con uso intensivo de tecnologías digitales. No en vano es una metodología reconocida universalmente y en Colombia aceptada y validada tanto por el Ministerio de Educación Nacional y el Consejo Nacional de Acreditación. 130 mil egresados y 135 mil estudiantes en 65 centros regionales y una seccional internacional, todos ellos competitivos, pertinentes, comprometidos socialmente, emprendedores y dispuestos a contribuir a la edificación de una sociedad solidaria, justa y libre para nuestro país, dan fe de ello.

Por todo ello, Dra. Borda, la educación virtual no es como la pintan.

 

 

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