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REFLEXIÓN RECTORAL JUNIO 2021

  • Mientras que el anuncio de “matrícula cero” no sea una política pública será llamativo, pero no suficiente.
  • Visiones miopes y clasistas creen erróneamente que la educación virtual cuesta menos que la presencial.

Colombia ha avanzado de forma importante en mecanismos de financiamiento de su educación superior pública. Lastimosamente estos aún no responden integralmente a las expectativas y necesidades de estudiantes y universidades, y obedecen más a iniciativas independientes de gobiernos locales, departamentales y nacional. Es decir, de políticos y dirigentes de turno.

Si bien la búsqueda de la gratuidad es un proposito nacional, y los dineros son determinantes en ello, el adecuado financiamiento de la educación superior pública debe llevar a una revisión del rol de las universidades nacionales y regionales, del nivel de desarrollo de cada una de estas, de la población atendida y de las capacidades propias, de cuánto debe reconocerse a cada universidad por estudiante matriculado, así como de su metodología y nivel de impacto en el sistema educativo.

Matrícula cero: Una buena, pero limitada iniciativa

En mayo pasado el presidente Iván Duque Márquez, y su ministra de Educación, María Victoria Angulo, anunciaron el lanzamiento del programa de “matrícula cero”, como un compromiso del Gobierno para pagar la matrícula de los estudiantes de estratos 1, 2 y 3 en 63 IES públicas del país (incluida la UNAD), en el segundo semestre de 2021 y los dos de 2022; esto es, durante el tiempo que le queda al Gobierno Duque.

Aunque no se conocen mayores detalles de cómo será la asignación de recursos, lo que se ha sabido permite decir que si bien es loable la decisión del Ejecutivo en la medida que atiende los intereses de una juventud que hoy no escapa de la desesperanza por su futuro cercano, mientras dicha iniciativa no sea una política de Estado que garantice la financiación permanente, su impacto real no se verá reflejado en un proceso efectivo, pertinente y de fomento a la calidad.

Mal se actúa si la visión sobre la gratuidad educativa es cortoplacista sin afianzar la necesaria garantía de una Ley de Estado que impulse tal derecho al acceso y permanencia en la educación superior de todos los jóvenes colombianos del hoy y del mañana y que, además, incorpore la conectividad como un derecho de todo ciudadano.

El Gobierno ha reiterado que trabajará porque “matrícula cero” sea una política pública, y solo le quedan dos legislaturas para lograrlo. Esto significa que se requiere una efectiva acción para articular con el sector y el Congreso de la República, e impulsar una ley que convierta esta iniciativa en política pública.

De no cambiar el panorama, llegará la incertidumbre sobre qué pasará con el financiamiento de cientos de miles de jóvenes cuando llegue un nuevo gobierno, y en qué condiciones llegará. Es un escenario de malestar social que -como país- no podemos permitirnos, mucho más después de las complicadas y preocupantes semanas de tensión social provocadas por el paro nacional, en el que miles de jóvenes han expresado su preocupación por la ausencia de espacios institucionales de apoyo, estudio y trabajo.

Y no se trata solo de asumir el costo de las matrículas. Tal y como lo ha confirmado un estudio de los vicerrectores de las universidades del SUE, la masificación de la calidad de la educación superior pública también demanda millonarios recursos (del orden de los 15 a 20 billones de pesos), frente a los cuales ni este Gobierno ni los anteriores han expresado intención alguna de aportarlos para garantizar que los jóvenes de todas las regiones, programas, metodologías e IES cuenten con las mismas condiciones de calidad docente, investigativa, de infraestructura, bienestar y tecnología, entre otros. Por ende, la actual propuesta de “matrícula cero” seguirá perpetuando incomprensibles diferencias de calidad, de condiciones de aprendizaje y de reconocimiento social entre las IES públicas.

No obstante este panorama, en la UNAD celebramos la intención del Ejecutivo, aun con sus múltiples oportunidades de mejora (cubrimiento pleno, matrícula para estudiantes nuevos, aumento de cobertura, y apoyo para posgrados, entre otros aspectos).

Desde antes del anuncio presidencial, y sensibles con la situación social, económica y política que golpea la realidad de nuestros estudiantes, no nos hemos detenido para impulsar estrategias de fomento de oportunidades de acceso y permanencia a través del “Plan de Solidaridad Extendida”, con el que hemos gestionado a lo largo de la última década apoyos para cerca del 15% del estudiantado, gracias a alianzas con entes territoriales y organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.

Deseamos una cobertura plena, pero como lo he dicho en reiteradas ocasiones, a pesar de que la UNAD es la megauniversidad de los colombianos y con el mayor impacto regional, es la que proporcionalmente menos recursos recibe del gobierno central.

No obstante esta inequidad en la asignación, la UNAD no condiciona el cumplimiento de sus objetivos misionales a los recursos que entrega el Estado. Porque el modelo financiero diseñado para garantizar la sostenibilidad holística de nuestra universidad se ha apartado de la tradicional forma de esperar que los gobiernos de turno entreguen recursos para el funcionamiento. Gracias a nuestros directivos y líderes nacionales y zonales, la UNAD gestiona, mediante alianzas, venta de servicios, investigaciones y consultorías, entre otros, los dineros para brindar a nuestros docentes y a todos los servidores Unadistas salarios competitivos y oportunos pagos.

No es nuestro estilo, a diferencia de lo que sucede en buena parte de las universidades públicas, depender de la lógica de los gobiernos, las protestas y los paros, para cambiar sus calendarios académicos y pasar de normalidad a anormalidad académica y viceversa, según los dineros prometidos por el Estado.

De todos modos, es claro que requerimos más apoyo gubernamental para seguir creciendo y llegar a más colombianos que necesitan de la educación para potenciarse personal y laboralmente.

Virtualidad con calidad: Alta inversión con mayor impacto social

Algunas visiones miopes, y hasta clasistas, ingenua o malintencionadamente sugieren que la educación virtual es más económica y, por lo mismo, que demanda menos recursos que la presencial. Por extensión, mal creen que la educación virtual es barata y de baja calidad, aunque los hechos y los resultados de impacto social educativo de la UNAD demuestran todo lo contrario.

Si bien está totalmente comprobada la actualidad, necesidad e importancia de la virtualidad, como modelo alternativo a la presencialidad, algunos de quienes se equivocan al radicalizar innecesariamente la educación entre presencial y virtual, seguramente por temor al auge de la no presencialidad con la pandemia, aún no dimensionan que la formación virtual de calidad es mucho más que realizar docencia a través de una plataforma LMS. Lo que no dicen es que, definitivamente, la virtualidad es una importante y valiosa opción en las condiciones actuales de la humanidad (grandes distancias físicas, aislamientos, mayores desarrollos tecnológicos continuos y globalidad), para garantizar una mayor y mejor educación a cientos de miles de compatriotas y aumentar la inaplazable mayor cobertura en educación superior.

Por todo esto, me permito enumerar 10 razones por las que la educación virtual de calidad demanda importantes inversiones económicas y que eso significa, para efectos de calidad formativa, que los recursos del Estado para programas presenciales como virtuales, deban dimensionarse al mismo nivel.

Si bien una educación de calidad (tanto presencial como virtual) representa una importante inversión, una educación sin calidad es, paradójicamente, más costosa para la sociedad, por los pobres resultados de su impacto social.

Por ello, para poder determinar dicho costo es primordial que se entienda el valor y significado de cada uno de los componentes del modelo pedagógico didáctico que desarrolla la virtualidad, y que también se comprenda la estructura tecnopedagógica que acompaña a las estrategias formativas, investigativas, de proyección social y de innovación requerida en cada disciplina ofertada bajo esta modalidad.

1) El soporte tecnológico que requiere la virtualidad. La actual educación va de la mano de la evolución de las tecnologías de la información y la comunicación, así como de la gestión del big data, el machine learning, la seguridad y el control cibernético. Con estas, el proceso formativo se enriquece con nuevas cadenas de valor para el crecimiento y potenciación de competencias de docentes y estudiantes.

2) Cualificación del personal de gestión académica y administrativa. Se demanda una gran capacidad de respuesta financiera, acorde con la evolución de los costos derivados por la introducción y cualificación de plataformas humanas con competencias suficientes de gestión educativa y tutores capacitados en mediación virtual, para mantener el ritmo del cambio tecnológico y de la evolución del conocimiento de las disciplinas.

3) Desarrollo de estrategias didácticas específicas. Esto es, la producción permanente de objetos y ambientes de aprendizaje en multicampus virtuales que demandan una importante inversión para su oportunidad y calidad en el propósito del aprendizaje estudiantil. Estas estrategias también incluyen una clasificación de soporte en I+D que reflejan un alto costo de diferenciación en el tiempo.

4) Inversión continua en innovaciones para nuevos desarrollos. Esta es la inversión en la  creación de objetos y ambientes de aprendizaje que se convierten, para las universidades especializadas en la virtualidad, en un desafío y a la vez en una opción de posicionamiento que fortalece la investigación y la innovación en procesos formativos de semilleros estudiantiles. Desarrollos tecnológicos para favorecer el aprendizaje virtual en áreas como las ciencias básicas, administrativas, económicas, agrícolas, pecuarias, del ambiente, las ingenierías, la salud, el derecho, el arte, la música, el diseño ,el deporte, la misma educación, las ciencias sociales entre otras, demandan un liderazgo tecnológico único en el sistema educativo desafiado por la gestión del conocimiento en el presente siglo.

5)  Licencias de creación y uso de plataformas y programas tecnologicos. Por crearlas, o tenerlas y usarlas hay que pagar y renovar las licencias de recursos y repositorios virtuales de conocimiento de frontera, ellas hoy en su usabilidad y oportunidad las reemplaza el estudiantado y los docentes de este modelo en lugar de las clásicas bibliotecas físicas con alto promedio de obsolescencia de sus contenidos.

6) Desarrollo y actualización de programas de seguridad. Se requiere implementar robustos sistemas para la alimentación y el uso continuo de big data, así como de sistemas derivados de bioidentificación y seguridad académica, de inteligencia artificial y de ciberseguridad, cuyas inversiones son permanentes.

7) Inversión en planta física. Aunque a algunos les cueste creerlo, las IES virtuales también demandan inversión para infraestructura física y mantenimiento de una red de centros que, como los de la UNAD, se encuentran en todo el territorio nacional como soporte estructural al servicio educativo. Esto incluye también una red de laboratorios básicos y especializados, en complemento de los laboratorios de simulación virtual y de acceso remoto .

9) El afianzamiento de los centros de investigación, en correspondencia con el compromiso académico y social de llevar a las comunidades los impactos del nuevo conocimiento.

10) Asegurar las condiciones culturales y administrativas. Las IES virtuales también operan con amplias, comprometidas y cualificadas plataformas humanas, que demandan salarios competitivos y oportunos en un gran ambiente de bienestar. Además, la formación virtual debe cumplir, como todo programa e institución educativa, las condiciones de calidad que el Estado pide en sus procesos de registro calificado y acreditación, lo cual demanda recursos para bienestar, atención de egresados, servicio al cliente, registro y control, procesos de graduación, responsabilidad social y atención a las más diversas necesidades de la comunidad de colaboradores a todo nivel, entre otros.

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Son muchos más los factores a destacar, en el caso de la UNAD y que demandan cuantiosas inversiones, pero la realidad aquí descrita constituye un llamado a la sociedad en general, al Congreso de la República, a la comunidad  académica, al Ministerio de Educación, al mismo Sistema Universitario Estatal SUE y a los dirigentes de organizaciones públicas y privadas, comprendan que la educación virtual no es barata, ni mediocre, ni de baja calidad, ni mucho menos que se gestiona como un simple “soplar y hacer botellas”.

 

Atentamente,

 

Jaime Leal Afanador

Rector UNAD

Presidente ACESAD

Presidente AIESAD

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